El gran escape,

Actualmente, es fundamental leer sobre economía. Si bien todos sabemos que existen países pobres y ricos – y que incluso dentro de estos últimos también hay desigualdad – desconocemos los orígenes del problema y las soluciones.

“El gran escape”, escrito por Angus Deaton, Premio Nobel de economía 2015, es un libro que cumple con aquel propósito y nos acerca a la realidad de nuestro siglo.

“Este libro es la historia de cómo la humanidad escapa de la privación y la muerte prematura de cómo las personas han conseguido mejorar sus vidas y han mostrado el camino a seguir a las generaciones posteriores”, menciona el autor.

El libro inicia con una anécdota sobre su familia, con la que explica cómo se alcanza un “Gran Escape”, a través de mejores oportunidades y mejores salarios.

Leslie Harold Deaton, padre del autor, nació en 1918, cerca de unas minas de carbón en un pueblo de Inglaterra, no pudo terminar los estudios secundarios y durante la Segunda Guerra Mundial fue reclutado en el ejército.

Afortunadamente no salió al campo de batalla debido a que le diagnosticaron tuberculosis, motivo de su regresó a casa y permitiéndole culminar sus estudios de ingeniería civil. Cuando sus ingresos incrementaron, Angus obtuvo una mejor educación y alcanzó a impartir cátedra en universidades de prestigio como Cambridge.

El padre de Angus Deaton vivió hasta los 90 años, se salvó de morir por la guerra o la tuberculosis – gran parte del progreso del que habla Deaton es el resultado de golpes de suerte – y se convirtió en ingeniero civil, cosa que ningún otro miembro de su familia había logrado hasta entonces. Sus hijos y nietos superaron el nivel de estudios e ingresos y es probable que la expectativa vida, de estos, sea mucho mayor que la de él.

¿Qué hace que esta historia sea tan importante para comprender la economía del mundo moderno?

De todas maneras, el problema de la desigualdad subsiste, toda vez que la riqueza del mundo se concentra en manos de pocas personas, quienes detentan el poder no solo económico, sino político.

“El gran escape” es un estudio minucioso de la sociedad moderna y de la distribución de la riqueza, pero sobre todo es un libro que permite al lector hallar alternativas interesantes a la pregunta de cómo reducir la desigualdad en un mundo competitivo e individualista.


Biografía del autor:


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Referentes de la literatura ecuatoriana publicados en el FCE

La imagen del Fondo de Cultura Económica ha transcendido alrededor del mundo por sus publicaciones, que le han permitido llegar a la población hispanoparlante, a través de sus 27 librerías en México y las 10 filiales en el extranjero. Considerado como uno de los sellos editoriales más importantes, ha publicado más de 10 0000 obras y registra un catálogo de 200 colecciones.

La participación de los escritores ecuatorianos no ha sido excepcionalmente grande, ya que son pocos los autores e ilustradores que han publicado junto a este sello editorial. En el ámbito de la literatura, solamente tres autores han dejado su aporte en la narrativa, el ensayo y la poesía, atravesando así fronteras al difundir sus obras con esta casa editorial.

Jorge Icaza nació en Quito en 1906. Pertenecía a una familia de clase media. Su infancia transcurrió en el latifundio de su tío, lugar que marcó sus obras al estar en un contacto permanente con la realidad social. Su novela “Huasipungo” (1934) popularizó su nombre tanto en el país como en Latinoamérica, figurándolo como un escritor indigenista. Si bien ya varios cuentos y novelas dejaban ver el genio de Icaza, fue “El Chulla Romero y Flores”, considerada su mejor novela y una especie de semiautobiografía de su vida bohemia, la que sobresalió y ahora forma parte de la “Colección Archivos” con una edición que, además de contar con la novela, adjunta una crítica a cargo de varios autores.

Miguel Donoso Pareja nació en 1931 en Guayaquil. Su padre era quiteño y su madre guayaquileña. Su tío fue Alfredo Pareja Diezcanseco, otra reconocida figura en la literatura ecuatoriana. Tras publicar su libro de cuentos “Krelko” (1962), fue exiliado y pasó 18 años viviendo y escribiendo en México, donde complementó su trabajo con la difusión cultural. Es considerado, después de Pablo Palacio, uno de los fundadores de la vanguardia latinoamericana. Miguel Donoso recuperó la tradición literaria nacional. Le fue otorgado en 2007 el Premio Nacional Eugenio Espejo, máximo reconocimiento que se concede a un autor en Ecuador, por el conjunto de su obra literaria. Podemos conocer sus obras en la edición “Cuentos completos”.

Javier Vásconez, quiteño. Nació en 1946 y vivió su infancia en el extranjero. Ha viajado por Europa, África, Estados Unidos y Latinoamérica. Se ha desempeñado como colaborador, promotor y editor de revistas y suplementos culturales; además de novelista y cuentista. Su trayectoria narrativa inició en 1982 con su obra “Ciudad Lejana”. Un año más tarde, ganó la primera mención en la revista Plural de México con “Angelote, amor mío”. Considerado como uno de los narradores contemporáneos más importantes del Ecuador. Posee una vasta obra que se ha recopilado en “Novelas a la sombra”, un volumen que reúne cuatro títulos “Jardín de Capelo” (2007), “El secreto” (2009), “Retorno de las moscas” (2005) y “La otra muerte del doctor” (2012).

Tres destacados escritores con obras publicadas por el sello editorial Fondo de Cultura Económica. Autores que han difundido sus perspectivas y contenidos tanto a nivel nacional como latinoamericano, permitiéndonos observar la evolución estilística ecuatoriana. Una oportunidad para los autores, ilustradores y lectores a proponer la publicación de su obra o participar en los diferentes concursos y premios que convoca anual o bienalmente el FCE.


Biografía del autor:


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Aquiles o El guerrillero y el asesino

Entregar las armas, de manera simbólica, de revolucionario para obtener el poder democráticamente en un país donde el conflicto armado estalla a raíz de la sublevación de un pueblo que en su historia ha sido oprimido, desde los campos, para luego esparcirse por las grandes ciudades. Un hombre, espantado e inconforme de las políticas internas de su país, es retratado magníficamente en la obra póstuma del gran escritor Latinoamericano Carlos Fuentes.

Carlos Pizarro Leongómez conocido como el comandante papito, apelativo que se le atribuyó por su evidente atracción física, se convirtió en uno de los dirigentes máximos del M-19, aquel grupo guerrillero que retoma el discurso de Bolívar, como bandera de lucha, para dirigirse a su pueblo de forma clara y contundente, llegando también a los oídos del poder político de ese entonces, que dirigía a toda la nación Colombiana con una descarada ejecución de decisiones e intereses personales.

“Bolívar tu espada vuelve a la lucha”

“Todas las revoluciones fracasan, pero entre tanto producen unos momentos muy padres”, Carlos Fuentes emplea veinte años de investigación sobre los inicios del conflicto interno colombiano, un conflicto que cada vez se le hacía mucho más grande ya que la violencia y la fragilidad política de aquel país día tras día se incrementaban. Entre anotaciones y charlas con sus amigos colombianos más cercanos, como fueron Gabriel García Márquez, Fernando Botero, formaba aquel rompecabezas llamado “la violencia” que cobijó con sangre y protestas las calles de Colombia, cuyo inicio fue el asesinato cobarde del líder político Jorge Eliécer Gaitán.

Julio Ortega, crítico, académico peruano y amigo muy cercano de Carlos Fuentes, es una pieza fundamental para componer ésta novela (crónica, biografía) inconclusa, siguiendo las indicaciones manuscritas del propio Carlos Fuentes y tomando ciertas decisiones para concluir un trabajo lleno de datos históricos, el cual se convirtió en un documento histórico exhaustivo y atrayente para el buen lector.

“Aquiles o el guerrillero y el asesino” una obra que no la debemos menospreciar y más aún cuando Colombia atraviesa un proceso de negociaciones para sellar definitivamente la paz, una novela actual con un trasfondo histórico.

“Los Estados Unidos dominan militarmente la América Latina sin disparar un solo tiro o sacrificar a un solo boy norteamericano”


Biografía del autor:

CARLOS FUENTES (1928-2012), reconocido intelectual y uno de los mayores novelistas Latinoamericanos, tiene una larga incursión en la novela, ensayo, teatro, cuento. "La región más transparente" (1958), "Aura" (1961), "La muerte de Artemio Cruz" (1962) son obras que han viajado por varias fronteras del mundo entero para llegar a lectores de indiscutible gusto por la novela Latinoamericana.

"La gran novela latinoamericana" (2011) un ensayo amplio sobre el inicio y la transformación de la novela latinoamericana fue uno de sus últimos excelentes trabajos del escritor.
Ha ganado varios premios de suma importancia por mencionar el Premio Príncipe de Asturias 1994; Premio Real Academia Española 2004 por Esto creo.
Fue catedrático de Harvard y Cambridge (Inglaterra)


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Tres escritoras que cambiaron la historia

El denominador común entre Leonora Carrington, Rosario Castellanos y Elena Poniatowska es México. Ese México en el que se mezcla lo americano con lo europeo, donde las mujeres han sido protagonistas de su historia. Como lo asevera Rosario Castellanos: “En la historia de México hay tres figuras en las que encarnan, hasta sus últimos extremos, diversas posibilidades de la feminidad. Cada una de ellas representa un símbolo, ejerce una vasta y profunda influencia en sectores muy amplios de la nación y suscita reacciones apasionadas tanto de adhesión como de rechazo. Estas figuras son: la virgen de Guadalupe, la Malinche y Sor Juana” (p.467).

Leonora Carrington nació en 1917 en Inglaterra. Su familia fue de origen burgués y le dio una educación tradicional. Sentía pasión por los caballos, pasión que se refleja en su obra. Desde muy joven se reveló del yugo paterno. Decidió estudiar arte en Francia y pasó a formar parte del grupo de los surrealistas. Ahí conoció a Marx Ernst, con quien mantuvo un apasionado romance, que terminó con la entrada de los nazis. Tras refugiarse en España, fue internada contra su voluntad en un sanatorio, después buscó refugio en la Embajada Mexicana de Lisboa. Posteriormente, se afincó en la ciudad de México y conoció a varios artistas, entre ellos Dolores Varo, con quien hizo trabajos en conjunto. Murió en el 2011 en ciudad de México, antes de morir vio pájaros negros en la pared de su habitación, lo que según su hijo representa “su último cuadro”. Leonora fue realmente multifacética: pintora y escultora, también escribió e ilustró cuentos. El reflejo de su obra y vida es “Leche de sueños”, uno de sus libros más interesantes, con textos originales bellamente ilustrados.

Rosario Castellanos es mexicana. Nació en 1925, fue hija de un terrateniente y creció en medio del maltrato y sufrimiento de los indios. Vivió en soledad, ya que recibió educación dentro de su hogar. Rechazó las convenciones sociales y los conceptos tradicionales de feminidad que imponía su época. A pesar de siempre describirse como una mujer débil y tímida, su biografía nos muestra algo muy distinto. Sintió desde muy pequeña una gran afición por la literatura y, es en este mundo, donde descubre la poesía. Trabajó en el Instituto Indigenista de Chiapas, fue catedrática de la UNAM y profesora invitada en dos universidades en Estados Unidos con la cátedra de Literatura hispana. A los 44 años, se convirtió en embajadora de Israel, donde murió de manera inesperada: electrocutada con una lámpara doméstica. Pese a su prematura muerte, dejó una vasta obra que podemos encontrar reunida en dos tomos magistralmente editados por el Fondo de Cultura Económica.

Elena Poniatowska nació en Francia en 1932, tuvo orígenes nobles por parte de su padre y raíces mexicanas por su madre. Su abuela paterna, de origen norteamericano, fue quien hizo que Elena tuviera el primer contacto con la lectura. Tenía por costumbre reunir a Elena junto con su hermana y leerles en voz alta. Cuando estalló la Segunda Guerra Mundial, su familia emigró a México. En aquellos tiempos, no era bien visto que una mujer de su clase social asistiera a la universidad. Sus padres decidieron que estudiara taquimecanografía, lo que supuso un contacto con el periodismo. Empezó su carrera en la prensa dentro de la sección de sociales del periódico Excélsior. Poco a poco, consiguió realizar entrevistas a grandes personalidades de su época. Su estilo estaba marcado por una sagacidad y audacia, ocultas tras la inocencia. Su obra como periodista llegó a la cúspide con su libro “La noche de Tlatelolco”, que recoge entrevistas a los estudiantes presos después de las manifestaciones del 68. Actualmente, Elena Poniatowska no solo se dedica al periodismo también es autora de varias novelas. “De noche vienes” es una antología de cuentos donde tenemos una perfecta conjunción entre la Elena periodista y narradora.

Estas tres mujeres han sido iconos del panorama cultural mexicano de los últimos tiempos. Revolucionarias para su época, lograron ganar un merecido espacio en la historia de México y fueron testigos y participes de la evolución de los derechos de la mujer. En palabras de R. Castellanos “Cada día una mujer (o muchas mujeres) gana una batalla para la adquisición y la conservación de su personalidad”.


Biografía del autor:


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Las cuatro partes del mundo Historia de una Mundialización · Serge Gruzinski

Octavio Paz escribió que –una sociedad se define no solo por su actitud ante el futuro sino frente al pasado–, por eso la lectura del libro “Las cuatro partes del mundo” es imprescindible.

–El rol del historiador es construir un diálogo entre el pasado y el presente–, declara Serge Gruzinski (1949), director del Colegio de Altos Estudios de Ciencias Sociales de Francia y autor de “Las cuatro partes del mundo”. Sostiene, además, que la mundialización es un proceso que arrancó en el periodo de la conquista, con el afán expansionista de las monarquías ibéricas.

A mediados del siglo XV, con la llegada de Colón a América y las expediciones de Vasco da Gama en las costas atlánticas de África, el mundo deja de ser eurocéntrico, especialmente por el descubrimiento de imponentes ciudades fuera de Europa.

Durante el siglo XVI, América se convierte en el centro del mundo, pues México es el puente que comunica Asia con Europa, mientras Brasil se transforma en el nexo entre Portugal y África.

Las investigaciones de los colonos y el aporte de los misioneros, quienes se dedicaron a estudiar diversas culturas con la finalidad de cristianizar a las poblaciones, respondían únicamente a los intereses de la monarquía.

Según Gruzinski, –no se aprende una lengua únicamente para comunicar y darse a entender o redactar sermones. El conocimiento de la lengua local también permite penetrar los mundos desconocidos donde los europeos se internan– (p. 246).

Una de las cualidades más fascinantes de esta obra son las pequeñas historias a través de las cuales el autor ejemplifica la “mundialización”. Por ejemplo: Domingo Chimalpahin, cronista indígena mexicano, quien tuvo una formación mestiza, en sus escritos aborda las noticias de la época en los cuatro continentes sin salir de México, como cuando se refiere al asesinato de Enrique IV en Francia, o a los cuadros de los mártires de Nagasaki pintados en Macao.

Gruzinsky también relata la historia de María Barbosa, nacida en Évora, quien fue expulsada de Portugal por brujería. En África, María de Évora continúa con la práctica de la hechicería y se convierte en alcahueta. La sentencian y deportan a Brasil, donde nuevamente fue perseguida por la inquisición por actos inmorales, los mismos que empujaron al Santo Tribunal a perfeccionar sus métodos de persecución en los tres continentes. Esta fue otra de las manifestaciones de la mundialización.

La obra concluye con una comparación entre la mundialización ibérica y la mundialización actual, que se ha logrado por medio del cine hollywoodense, a través de conceptos como el mesianismo y el milenarismo, latentes aun hoy dentro de nuestras culturas.


Biografía del autor:

Es archivista, paleógrafo y doctor en historia. En la actualidad se desempeña como director de investigaciones del Centre National de la Recherche Scientifique y director de estudios de la École des Hautes Études en Sciences Sociales.

De sus estancias en Italia, España y México han surgido hondas investigaciones sobre la colonización de México y la reacción de los indios frente a la conquista española: La colonización de lo imaginario. Sociedades indígenas y occidentalización en el México español. Siglos XVI al XVIII (FCE, 1991), La guerra de la imágenes: de Cristobal Colón a ‘Blade Runner’ (FCE, 1994). La mezcolanza de formas y estilos entre la América precolombina y la Europa del Renacimiento inspiraron su obra L’Amerique de la conquête peinte par les Indiens du Mexique (1991) y L’Aigle et la Sybille (1991). En conjunto con Carmen Bernard profundizó en sus reflexiones acerca del continente americano en el libro De la idolatría. Una arqueología de las ciencias religiosas (FCE, 1992) y en los volúmenes Historia del Nuevo Mundo I: del descubrimiento a la Conquista. La experiencia europea 1492-1550 (FCE, 1996) e Historia del Nuevo Mundo II: los mestizajes (1550-1640) (FCE, 1999). Después de explorar el destino de la capital mexicana (La ciudad de México: una historia FCE, 2004), emprendió una reflexión sobre las formas y los mecanismos del mestizaje en La Penseé métisse (1999).
Fondo de Cultura Económica también ha editado Las cuatro partes del mundo. Historia de una mundialización (2010).


Obras publicadas


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De repente en lo profundo del bosque por Amos Oz

De la pluma del escritor israelí, Amos Oz, nos llega una magnífica publicación, gracias a la editorial Fondo de Cultura Económica en colaboración con Siruela: “De repente en lo profundo del bosque”, una obra de narrativa juvenil que motiva a su lectura a través del misterio.
Considerado uno de los escritores contemporáneos más relevantes, devela desde sus escritos su propia biografía y la de Israel, como una visión donde se ofusca y rediseña la realidad histórica de este pueblo.
Esta parábola, cargada de simbolismo y metáfora, nos relata la aventura de dos niños, Maya y Mati, en quienes se despierta la curiosidad por encontrar la verdad que se esconde detrás de la extraña maldición que ha caído sobre la aldea.

Los niños guardan un gran misterio que los aleja de los demás. Con el pasar de los días, sus deseos de indagar crecen. Sin importar nada, desobedecen la ley establecida y se internan en el bosque para descubrir la desaparición de todos los animales y cómo influye el extraño espíritu Nehi, el demonio que atormenta noche a noche a los habitantes.
Una historia entretenida y amena, narrada en treinta tres capítulos, donde la duda de lo aparente les conducirá a una gran aventura. Su cercanía a la fantasía hace que el lector se guíe por la intuición y lo inconsciente, para llegar a las profundidades en las que la propia historia se sumerge.

El libro se encuentra dentro de la colección “A través del espejo” del Fondo de Cultura Económica, que pretende ser el puente ideal para quienes van dejando atrás la literatura infantil y buscan nuevos espacios de lectura. Estos títulos se encuentran dirigidos especialmente para jóvenes a partir de los 12 años.
La colección “A través del espejo” ofrece bellísimos relatos de escritores y estilos muy dispares. Entre otros títulos del propio Amos Oz se encuentran: “La bicicleta de Sumji” y “Una pantera en el sótano”. Se suman también otros reconocidos escritores como: Kevin Brooks, León Krauze, Ricardo Chávez Castañeda, entre otros.
Sin duda, una excelente obra y colección, que los lectores podemos disfrutar tanto por su fácil accesibilidad como por sus historias adaptadas a cualquier edad. Una historia que en palabras del autor: “se revela a veces, sólo un instante, a quien busca con los ojos del espíritu, a quien sabe escuchar con los oídos del alma y tocar con los dedos de la mente”.


Biografía del autor:

Amos Oz nació en Jerusalén en 1939. Es un escritor, novelista y periodista israelí, comprometido con el proceso de paz en Oriente Medio.
Galardonado con el Premio Israel de Literatura (1998), Premio Goethe de Literatura (2005) por su libro autobiográfico “Una historia de amor y oscuridad” y, recientemente, con el Premio Príncipe de Asturias de las Letras (2007).


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Novelas a la sombra, de Javier Vásconez | Fernando Montenegro

El jardín oculto de Javier Vásconez

Fernando Montenegro

Javier Vásconez, Novelas a la sombra, FCE, México, 2016, 328 p.

Un jardín es una remota isla de añoranza, una réplica del paraíso (…). Pero también es un intento de compensar el caos en el que vivimos ––pensaba Sorella––, de ordenarlo todo trazando senderos llenos de flores, plantando árboles, levantando laberintos hechos de setos de boj.

Jardín Capelo

Con la compilación de cuatro de sus novelas, "Novelas a la sombra", el Fondo de Cultura Económica ha querido celebrar en este 2016 los setenta años de vida del escritor ecuatoriano Javier Vásconez. Sin duda una buena forma de abrirse paso o revitalizar el desolado, con frecuencia, panorama de la literatura ecuatoriana, que ya necesita publicaciones como ésta aunque sea para confirmar que Vásconez es, sin vacilación alguna, su narrador vivo más importante. Esta afirmación no sólo se corresponde con el hecho concreto de que Vásconez sea el escritor ecuatoriano más leído fuera del de su país, sino porque ha sido el más persistente de todos ellos. Es, como lo afirma Pedro Ángel Palou, el creador de una literatura entera o, por lo menos, de su postulación. Vásconez no ha escrito la esperada “gran novela nacional” ––ésa nunca ha sido, por otra parte, su ambición––, pues cree entender, como Borges, que una literatura nacional es una estrategia de lectura más que un contenido. Las ambiciones literarias de Vásconez son, en este sentido, más borgianas. Por ello debe entenderse la construcción de un sistema de textos que dialogan, se superponen y responden a un programa que parece tener el objetivo de enfrentarse a los dilemas propios de un escritor de principios de siglo. Por otra parte, Vásconez, contrario a muchos escritores de su generación (dentro y fuera del Ecuador) que se han dedicado a perseguir puestos en embajadas o en altas esferas del Estado, se ha dedicado a hacer lo que mejor sabe: escribir novelas cortas de muy recomendable lectura y cuyo consumo es aún más gratificante en un solo volumen como el presente.

Probablemente no exagere al decir que "Novelas a la sombra" se asemeja, y acaso sea legítima heredera, de 2666, de Roberto Bolaño (alguna de ellas fue publicada antes). Al fin y al cabo, las “cinco partes” son en realidad cinco novelas que no superan jamás las 350 o 400 páginas, es decir, novelas de mediana extensión o, en todo caso, novelas que no se parecen en nada a “la gran novela latinoamericana”, de la que tanto le gustaba hablar a Carlos Fuentes. Se suele pasar por alto que Bolaño, como Vásconez, jamás escribió un texto de dimensiones bíblicas, que más bien se concentró en novelas de corta o mediana duración y que 2666 (y el conjunto de su obra narrativa) es, en el fondo, un efecto de lectura o una forma de plegar y yuxtaponer diferentes textos completamente autónomos aunque íntimamente relacionados (perversamente). De allí que Novelas a la sombra produzca la sensación de que estamos frente a un mundo con sus propias reglas, lleno de ecos, de espejos y de laberintos. Por lo general, Vázconez erige este mundo mediante una serie de mecanismos que exceden la simple interconexión a través de personajes o lugares comunes. Ese sistema de contigüidades y oposiciones, de líneas narrativas paralelas como perpendiculares, responde a un trabajo no exento de rigurosidad con los problemas fundamentales de la globalización como fundamento estético. Con esto no quiero decir la obviedad de que Vásconez, como cualquier otro autor de nuestro tiempo, reflexione sobre las posibilidades y aporías de la globalización, sino que incorpora críticamente los modos de representación con que ésta se posibilita. La lectura de este cuidado volumen nos recuerda que el trabajo del novelista consiste en habitar narrativamente el mundo.

La primera novela, "Jardín Capelo", originalmente publicada en 2007, retorna a un escenario, las afueras de Quito, que Vásconez había retratado con vehemencia en El viajero de Praga, siempre como el contrapunto de la lluviosa y ajustada capital andina. Capelo es una localidad primaveral y de veraneo que, sin embargo, esconde un secreto terrible sobre la naturaleza contradictoria de sus habitantes. Una de las protagonistas, Manuela, lectora de Marguerite Duras, de educación parisiense, cosmopolita, visita la casa donde en otros tiempos había tenido lugar la historia de sus ancestros. En una segunda mirada, esa apacibilidad aparente de la hacienda se revela en forma de ruinas. Las ruinas dejan ver los intersticios de un crimen fundacional: “¿Qué tenía en común aquel ambiente desamparado con sus amigas? ¿Cómo podía combinarse el sufrimiento de quienes vivieron entre esas paredes con la voz quebrada por la sensualidad de su amiga Isadora? ¿Debía reconstruir piedra por piedra la historia de esa hacienda? ¿Había ido a registrar el melancólico estremecimiento de las palmeras delante de la galería o quizá debía conservar en su mente el rostro ensimismado del indio rondando por algún rincón en la oscuridad?”

En lo sucesivo Manuela escuchará, de una voz que bien podría ser fantasmal, como la Eduviges de Rulfo, la historia no de un crimen familiar ––sujeta a su vez a la historia nacional–– aunque de manera oblicua. En la mencionada historia, Jordi Sorella, un jardinero catalán que había sido contratado para embellecer la hacienda de un juez, se ve envuelto en un entramado de acontecimientos que van desde el crimen pasional hasta el incesto y el espionaje. A través de Jordi, que establece un romance con la hija del patrón, se observa la violencia latente en la economía sexual y simbólica que articula la hacienda como institución clave de la vida nacional. Esto es, claro, la voluptuosa relación entre el indio, el mestizo y el blanco. La Hacienda es el lugar en el que intiman las clases sociales diversas de los Andes ––una intimidad, por cierto, enferma de violencia, y que sólo puede terminar en un crimen––. La lógica de la hacienda (no en vano se suele decir hasta hoy que el Ecuador es una hacienda que devino país) invade cada ámbito de las relaciones humanas, sobre todo las más íntimas, como si Vásconez nos propusiera la siguiente fórmula: mientras mayor sea la intimidad, mayor será la violencia.

Esta fórmula quizá también esté reflejada de manera muy clara en la segunda novela (la más breve de todas), "El secreto", de 1996. Allí se cuenta la historia de “El monstruo de los Andes”, aquel célebre violador y asesino de niñas, especialmente indígenas, a quien se le atribuyen más de trescientos asesinatos en Ecuador, Colombia y Perú. Un anticipo, a su modo, de lo que luego Bolaño relataría en “La parte de los crímenes”. Salvo que el enfoque de Vásconez está en el criminal, aunque lejos de buscar un primer plano, un plano realista o de crónica roja ––digámoslo así––, se concentra en entender los rasgos eminentemente humanos detrás del monstruo. Este texto puede leerse junto a aquellos memorables de su compatriota Pablo Palacio, “Hombre muerto a puntapiés” y “El antropófago”, escritos asimismo con cierta distancia irónica, tomando una posición crítica frente al problema de la verdad policial o periodística. Ciertamente, la construcción del personaje de Vásconez nos permite observar lo cerca que está el humano del monstruo y cómo las motivaciones de un criminal laten desde siempre en las más simples y planas vicisitudes de la vida cotidiana. Así empieza el relato: “Al principio sólo fue un pañuelo y había ocurrido dos años atrás, cuando una fría tarde de noviembre, y como si se tratara de un acto inocente y sin importancia, extrajo subrepticiamente aquel pañuelo de la cartera de una adolescente”. Como Palacio, Vásconez entiende que el problema del mal jamás puede ser reducido a la psicología desviada de un sujeto o a una historia personal patológica. La forma de mirar este fenómeno exige considerar relatos más poderosos, aunque también más sutiles, como el sigiloso monstruo de Vásconez. Uno de los problemas que Vásconez se permite postular es el tema del extranjero. Quito es una ciudad extremadamente xenofóbica (poblada por migrantes, paradójicamente), de modo que el foráneo (el monstruo era colombiano) es también una oportunidad para trastornar y explicitar las voracidades que, de otro modo, permanecerán ocultas en la ciudad. Cuando el monstruo toma la palabra, su retórica nos recuerda algo que nosotros mismo somos: carne de su carne.

"El retorno de las moscas", de 2005, es una pieza de género que busca instalar a George Smiley, un personaje de John Le Carré (a quien también hace personaje del relato), en la Quito contemporánea. La narración comienza planteándonos un crimen, respetando las normas más conocidas de una novela negra. Smiley debe resolver el asesinato de un tal Gregorivus Ostrakov, un supuesto espía soviético que había dejado con su muerte una serie de interrogantes que lindan con un problema político internacional de cierta repercusión. Evidentemente, los personajes están alimentados por el entramado de la Guerra Fría, aquella partida de ajedrez que, como en toda la región, se jugaba a veces en localidades tan marginales como la propia Quito. Lo interesante de este relato no es tanto la novela en sí misma sino la tensión formulada entre lo local y lo global. El entramado de la Guerra Fría es el discurso sobre lo global y la ciudad andina, que nunca se dice que es Quito (aunque lo sea), poblada por personajes marginales y abyectos que representan lo local. Disiento aquí con Christopher Domínguez Michael, quien en el prólogo de este libro afirma que El retorno de las moscas es un capricho del autor ecuatoriano que responde a su afición y conocimiento del género policial. En el centro de esta novela, desde mi perspectiva, se encuentran las mismas preguntas que posibilitan toda la obra de Vásconez. No es que el novelista haya querido “adaptar” el género policial a su ciudad natal, sino observar qué le sucede a ese género cuando se enfrenta a las contradicciones locales de los Andes. Quizá por eso la novela no se juega en la resolución del crimen. No se reestablece ningún orden o equilibrio vulnerado, sino por el contrario: se acepta la violencia inherente de la ciudad andina como sinécdoque de la experiencia colonial. Así concluye Smiley: “todo es un asunto estrictamente local”.

La última novela, "La otra muerte del doctor", publicada en 2012, nos devuelve al doctor Kronz, aquel memorable personaje que conocimos en El viajero de Praga hace exactamente veinte años. El doctor Kronz, como es sabido, es un homenaje inequívoco a Josef K, no sólo por su nacionalidad sino porque a través suyo vemos el transcurrir de un siglo, el xx, que fue más kafkiano que cualquier otra cosa (y acaso también sígalo siendo el presente). En esta ocasión lo vemos convertido en víctima de un asesinato que posibilita, a medida que nos adentramos en la narración, un viaje hacia su pasado, particularmente a sus años de medicina rural, los cuales habían transcurrido en algún pueblo perdido de los Andes, envuelto siempre entre la melancolía y la neblina. De aquellos tiempos, Kronz recuerda a Cecilia, una joven maestra de escuela con quien mantuvo un amorío, tan intenso como fugaz, y que tenía la particularidad de escribir poemas que resultarán claves para comprender el atentado contra Kronz mientras asistía a una conferencia en Nueva York. Este misterioso crimen yuxtapone algunos elementos y a veces los cambia de sitio. En primer lugar, la paranoica Manhattan con el silencioso y remoto páramo andino, pero también la relación entre escritura y memoria o, si se prefiere otra fórmula, civilización y barbarie. Sin saberlo, o quizá justamente por ello, Kronz se encuentra atrapado en una pugna milenaria que, nuevamente, no sólo discute el lugar del escritor ecuatoriano (un escritor menor) en la cultura universal, sino que problematiza ambas categorías, así como el asunto de la modernidad en un país tercermundista. No en vano una de las imágenes que recorre toda la novela, y que tiene un peso fundamental en su resolución, es la de un accidente aéreo acaecido en la mitad del páramo, como si en ese colapso las fuerzas que dominan la narrativa de Vásconez se colapsaran, en efecto, aunque aquel colapso no carezca de elegancia. Para el autor ecuatoriano, el avión representa sin duda su trayectoria como escritor, mientras que el paraje frío de las montañas andinas es el paisaje de una literatura (la ecuatoriana) que ha persistido en su folclorismo.

Kronz es el ejemplo del hombre moderno; pero, como Josef K, es incrédulo frente a lo que no puede ver, y una de las formas de ese escepticismo se observa precisamente en la relación que tiene con Cecilia. Cecilia, no obstante, es también una sinécdoque del proyecto modernizador ecuatoriano: es maestra, es de rasgos ligeramente indígenas (como las niñas de El secreto) y, sobre todo, cree en el amor como sintaxis de la nación o de su promesa: “El doctor había experimentado un sentimiento de extrañeza, de distanciamiento, cuando una mañana salieron a caminar juntos por el páramo, él sabiendo que iba a perderla y ella muy seria mirándolo con desconfianza. ¿Acaso se estaba enamorando? (…) Día tras día se reprochaba que estuviera enamorándose de una maestra de escuela. En esos tiempos tan lejanos como insensatos, el doctor sentía aversión por el amor. Le parecía un acertijo, o lo que hay antes de hundirse para siempre”.

El producto de este desencuentro es Lionel, hijo de Cecilia y responsable del atentado contra el doctor Kronz, presuntamente su padre. El crimen tiene lugar en Nueva York porque es allí donde Cecilia se encuentra viviendo desde hace casi dos décadas como migrante económica, víctima de un fenómeno muy propio del Ecuador de finales del siglo xx. Lionel, en consecuencia, se ha convertido en delincuente. Este personaje es quizás análogo a aquel de la novela de Chico Buarque, Budapest, que se ha convertido en un skinhead beligerante, producto del abandono de su padre, un eterno extranjero, como el propio doctor Kronz. El atentado al protagonista de La otra muerte del doctor podría ser la forma en que Vásconez nos muestra los dos extremos de un mundo globalizado.

En un estudio publicado el año pasado, "Beyond Bolaño: The global Latina American novel", el crítico Héctor Hoyos detectaba las razones por las cuales, especialmente en la década de los noventa, ciertos autores hispanos se habían dedicado a escribir novelas sobre la Segunda Guerra Mundial. Allí se respondía que éste era el modo en que, autores como Ignacio Padilla o Jorge Volpi, buscaban inscribirse en una cultura global que los atropellaba (valía poco, entonces ya, resistirse). Anquilosada y todavía bajo la sombra del boom, América Latina había quedado al margen de “la gran historia del siglo xx”, que es la Segunda Guerra Mundial (y la otra, la Guerra Fría). El propio Hoyos se lamentaba, sin embargo, de que algunas de estas novelas fallaran al hacer una crítica narrativa de la globalización, tal como lo había conseguido hacer Bolaño en La literatura nazi en América, o el propio Chico Buarque en Budapest. Esa crítica que quiere Hoyos radica en hacer el ejercicio anverso al de Volpi en En busca de Klingsor, para dar el ejemplo más célebre posible. Esto es: notar cómo esas grandes narraciones globales trastornan y son trastornadas cuando se enfrentan a las historias locales del suroriente del mundo. En mi opinión, Novelas a la sombra prueba que Vásconez ha conseguido instaurar un universo narrativo que lidia con esta realidad. Es por eso que se le puede leer, más que de obras, como un autor dueño de una literatura o de un mundo novelesco que permite publicaciones como ésta. La importancia de Vásconez no es, otra vez, la asimilación de la cultura global (en realidad europea) a la cultura local (la de la región andina del Ecuador), sino la forma en que ocurre este diálogo abarrotado de desencuentros y fracturas. Por eso en sus novelas nos da la sensación de estar leyendo un texto que pertenece a otro más abarcador, como aquel texto de Borges: “El jardín de senderos que se bifurca”. No es gratuito que la idea de jardín sea tan importante en Vásconez ("Jardín Capelo" y "La otra muerte del doctor" son dos ejemplos de ello), al punto de que una de las últimas imágenes del doctor Kronz sea precisamente en su jardín, rodeado de bonsáis, acaso una representación más de su biblioteca. Novelas a la sombra, más que una compilación de esos textos, explícitos y secretos, es una propuesta de lectura.


Biografía del autor:


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Anotaciones para una teoría del fracaso

El escritor mexicano Gabriel Bernal Granados hace un salto hacia el pasado transportándonos a los siglos XIX y XX con su libro “Anotaciones para una teoría del fracaso”, publicado por el sello Fondo de Cultura Económica donde ensaya dos temas que sin duda alguna apasionan a espíritus curiosos y sensibles como son la escritura y la pintura.

En este ensayo aparecen diversas figuras que a lo largo del tiempo se han convertido en claves indiscutibles para el surgimiento de nuestra modernidad crítica, una modernidad donde el arte, en todas sus manifestaciones, ha tomado un penoso papel secundario y que también se ha ido degenerando a causa del adormecimiento de las necesidades artísticas espirituales. Son diecisiete ensayos los que componen este libro, un viaje a través de las vidas y obras de escritores como Stéphane Mallarmé, Herman Melville, Pierre Michon y Jorge Luis Borges; pintores como Lucian Freud, Paul Cézanne, Edgar Degas, Caspar David Friedrich, Egon Schiele o también Thomas Eakins.

Inicia el libro con el tema del naufragio, el cual alude a la metáfora del hombre sin norte, hombre abatido y olvidado por causa de la inefable época moderna en la que, estos artistas sin remedio alguno, se van adentrando lentamente. Hombres que por su propia cuenta se sumieron en la marginalidad de su tiempo o que tal vez fueron obligados a hacerlo por la incomprensión inaudita de sus contemporáneos.

Con un estilo para nada ampuloso Gabriel Bernal Granados explora minuciosamente el azar y el naufragio de estos grandes artistas ya mencionados, una estupenda crítica de la cultura de aquellas épocas donde el arte aún se lo vivía en su plenitud con todos sus riesgos, desventuras y efímeras felicidades.


Biografía del autor:

Gabriel Bernal Granados nació en la ciudad de México en 1973 es poeta, narrador, ensayista y traductor. Ha sido editor de Libros y también ha colaborado en varias revistas de México, España, Estados Unidos y entre sus obras destacan El manan-tial latente. Muestra de poesía mexicana desde el ahora: 1986–2002 (Conaculta, 2002), Partituras (Universidad Veracruzana, México, 2000), De persiana que se abre (tsè-tsè, Buenos Aires, 2000), Historia Natural de uno mismo (Libros del Umbral, México, 2002) y Objetos sobre una mesa. Desorden armonioso en arte y literatura (FCE/ Turner, España, 2002).


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Paisaje caprichoso de la literatura rusa

La traductora mexicana Selma Ancira, a través de la editorial Fondo de Cultura Económica, nos trae una interesante selección de textos rusos.

Se podría pensar que conformar una antología es una labor complicada, sobre todo cuando hablamos de literatura rusa, toda vez que existen numerosos autores de gran envergadura. Sin embargo, en el caso de Paisaje caprichoso de la literatura rusa, la secuencia de textos escogidos posee una naturalidad extraordinaria.

Juntos forman una hermosa composición y un recorrido fantástico por los mejores años de la literatura rusa, desde la edad de oro – Pushkin, Gógol, Dostoievski, Tolstoi y Goncharov –, hasta la edad de plata – Blok, Pasternak, Tsvetáieva, Gumiliov.

El libro cuenta con un prólogo de Juan Villoro, quien nos habla de la vida de la traductora, al tiempo que revela detalles sobre los textos que facilitan su interpretación y lectura.
En otro apartado, encontramos un comentario de la traductora y la interesante introducción a la primera edición que se enfoca en las relaciones ruso-mexicanas.

Paisaje caprichoso de la literatura rusa se compone de dos partes: la primera dedicada a la ficción y la segunda, al ensayo, ambas traducidas magistralmente por Ancira.
Finalmente, para comprender la secuencia de la antología, encontramos pequeñas biografías de cada autor incluido.

La antología es un abreboca de la literatura rusa, pero también una joya por la singularidad de cuentos y ensayos, que probablemente no se hallarán en otros libros.

La edición es bien cuidada hasta en los pequeños detalles. La fotografía de la portada muestra una iglesia rusa reflejada en un charco – tomada por la mismísima Selma Ancira –, metáfora de lo que debe ser una traducción: “un reflejo fiel del original, conservar la textura y los claro oscuros del original y mientras más fiel sea el reflejo más acertada será la traducción”.

La frase pone de manifiesto el espíritu de Ancira y su entrega a la labor de traductora. Como resultado, nosotros los lectores podemos disfrutar de un magnífico libro y del contacto con autores que, de otra manera, serían desconocidos.


Biografía del autor:

Selma Ancira nació en la ciudad de México en 1956. Hija del aclamado actor de teatro Carlos Ancira, quien interpretó varias obras de autores rusos, entre ellas el famoso monologo basado en un texto de Gógol, Diario de un loco, dejando una profunda huella en la vida de la traductora.
A los dieciocho años obtiene una beca para estudiar filología en la Universidad Estatal de Moscú. Tras años intensos de estudio, descubre su pasión por la traducción a través de los textos de Marina Tsvetáieva.
Ha realizado traducciones de autores como Pushkin, Dostoievski, Gogol y otros escritores, concentrándose sobre todo en Tolstoi y Marina Tsvetáieva. También es la traductora de poetas griegos como Yanis Ritsos y Seferis.
Ha sido galardonada con varios premios por su labor como la Medalla Pushkin en el 2008, el premio Marina Tavestáieva y, recientemente, el premio Read Rusia 2016 por Paisajes caprichosos de la literatura rusa.


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